viernes, 27 de junio de 2014

Una niña de la guerra




Una niña de la guerra vivía en una pequeña casa de tejas y piedras con sus hermanos y con su tía y su tío y su madre. Casi todos los días tenía hambre, aunque su estomago, se ponía contento cuando el gofio venía en una bolsa de papel marrón; olía muy bien, porque además de eso, estaba recién molido...,
La niña jugaba a ratos porque tenía que madrugar mucho para ir a trabajar un poco lejos de la casa. Iba con su madre y su hermano mayor a una granja donde se cultivaban tomates. Ella cuando tenía mucha hambre, y a escondidas del capataz, que vigilaba igual que un aguilucho, para que nadie dejara de trabajar, se llevaba a la boca algún tomate de tantos que desprendía de la mata con sus pequeñas manitas morenas; como tenía un gran sombrero de paja cubriéndole el rostro para que el sol no quemara su piel de niña, agachaba la cabeza y roía igual que los ratones el tomate y aplacaba el hambre que sentía su estómago, porque las tripas sonaban muchas veces al día. Luego se hizo mayor y más mayor, y ahora sonríe mucho porque cocina desde hace muchos años todo lo que ella quiere y aromatiza todos los alimentos según las etapas que han transcurrido en su vida. Además está contenta como una niña porque hace dos años la operaron de cataratas y todo le parece  bonito. ¿Será porque ve mejor?.

Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...