domingo, 8 de junio de 2014

La visita





Un jarrón lleno de lirios y campanillas no sería suficiente, por lo tanto habrían dulces de membrillo en pequeños platos de postre. A pesar de ello, a pesar de que todos hablaran con consideración y que la sala luciera igual que un vestido de seda a punto de estrenar, todo aquello que llenaba la habitación, todas esas voces se esfumarían pronto. De modo que poco o nada habría pasado, ¿De qué habría servido la mesura al hablar? ¿De qué habrían servido las flores, los dulces?..., 

Mientras tanto, mientras sucedía eso, fuera, los mirlos, el ruido de algún coche, y aquella nube que ahora irrumpe deslizándose, vagando cómodamente, tomando la forma de una chimenea, ahora se diluye, si, caprichosa..., quizás todo el conjunto de imágenes, todas esas miradas dentro de la habitación, el sigilo al hablar, desechando cualquier improperio, nada de reproches, nada de sincerarse, si, quizás, todo ello no adquiriría importancia, no sería compartir..., Sería pues una tarde con una habitación sin flores, ni dulces, con las bocas completamente cerradas desde el interior, sólo una sonrisa y complacer..., Entonces poco hubo importado que fuera hubiera mirlos, coches, nubes irrumpiendo; habría sido exactamente igual que cayera fuertemente un río de lluvia, o que las pinceladas del sol iluminaran todo...,

Hace tanto que voy muriendo..  En cada suspiro... muero.. En un nuevo día.. muero.. Muero cuando río, cuando lloro.. Hace tanto, tanto qu...