sábado, 14 de junio de 2014

De Isla a Isla


Y tal como había dicho se perdió entre las grandes hojas por la vereda que conducía al barrio de Sicil, claro está, no sin antes haber dejado todo organizado. Las visitas estaban programadas, los lugares por donde habrían de pasar..., la iglesia sería el primer sitio donde pararían...,
Annelliese y dos señoras más ya habrían visitado antes Sicil, que además de tener una enorme plaza y de un bello palmetum, no presumía tanto de algunas de aquellas calles estrechas donde se escondían aquellos vecinos "no puritanos"; donde las hogazas de pan eran tan escasas como lo pueda ser el agua de un pantano en una gran sequía...,
De modo que al día siguiente cada una de ellas cargaba con una pequeña mochila y zapatillas  para recorrer cada una de las pequeñas viviendas. Sicil había sido construido en una pequeña colina, (se establecerían allí las familias con  mínimos recursos, seguramente los hijos de inmigrantes de alguna cercana isla), el mar, el mar era lo primero que se veía al llegar; azul, glorioso, permanentemente expuesto, pareciera un lienzo...,
Annelliese pensó en todo aquello mientras regresaba a su país, pensó en el dolor que le había producido aquel guijarro que se había clavado en una de sus zapatillas dejando una quemazón desagradable en uno de sus pies; cerró los ojos y siguió pensando mientras el tren se alejaba dejando atrás Sicil, el mar, el palmetum, y sonrió al recordar a uno de los chiquillos cuando la besó dejando parte de los mocos en su cara; y volvió a sonreír porque aquellos señores tan viejos, tan cansados, le habrían contado las historias más bellas del mundo...,

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...