martes, 15 de marzo de 2016

Sonata pobre



Duelen las espaldas de aguantar tantos besos, por querer convencernos de que son besos. Hoy la marea ha vuelto a sacudir miles de gritos, hace tiempo que sucede,tanto, tanto tiempo...
Cuesta creer en la verdad, pero no hay duda alguna, lloran y gritan atisbando menesterosos algo que les pueda servir de alivio, algún hombro en que apoyar los brazos cansados.

En verdad diría yo que aparentemente ha nacido una obsolescencia programada, pero no para las guerras, ni para los muertos que caen a miles como si un rayo quemara sus huesos pulverizados desde mucho tiempo atrás por causa del hambre y el miedo. El acoso de las bombas en sus cabezas provoca lamentos que estallan en la penumbra del día por todas partes, por todos los rincones.

Duelen las espaldas porque lo que veo desde mi refugio, cómodo, y cálido. es un depredador con alas de fuego y me temo que no parará. La ceguera actúa blandiendo como una espada a diestro y siniestro, si, realmente es la ceguera de muchos, mi propia ceguera, eso si que es tener poca vergüenza por mi parte, me miro al espejo y me pregunto hasta que punto tengo que reaccionar para levantarme y entender que un blues con nosotros dos sonando en cualquier tugurio, a escondidas, y deseando salivar tu boca y tú la  mía, no es suficiente para acallar consciencias.
Es la terrible obsesión de matar y perseguir lo que tanto cuesta crear. Con todo esto quiero decir que es una lástima pensar que sólo somos nosotros dos.
El mar enfrente, dejando en la orilla miles de conchas vacías de vida, rotas las alas, y agrietadas las bocas.

Dicen que la vida sigue...




De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...