martes, 21 de mayo de 2013

Deseo púrpura

El tugurio habría sus puertas a partir de la madrugada, cuando salían al callejón las almas en busca de un trago, de olvidar. 
Norma para los amigos, pintorreó sus labios y desató un mundo. Los besos que quedaron  fueron tatuajes en cada esquina de su piel.
Había visitado a un yerbatero para que le quitara de golpe  las  lágrimas y al demonio para dejar de ser lo que en el fondo añoró toda su vida.
Permanecía detrás del viejo piano, en el humeante espacio. El aroma que desprendía atraía de un modo  desmedido a los varones esposados, que  la veían como la reina, la dulce  Afrodita  venida de la isla de Citera. Regresaban a sus hogares henchidos de una fugaz felicidad, impregnados de sus secreciones.
El leve movimiento de sus caderas, el insinuante vaivén. El encaje rojo del vestido dejaba entrever un sexo inquieto. Algunos palpaban y ella se dejaba mientras despedía de sus labios espirales de humo en cada bocanada.
Mauro la acompañaba cada noche. Quedaba dormida en su pecho, como una niña.

Hace tanto que voy muriendo..  En cada suspiro... muero.. En un nuevo día.. muero.. Muero cuando río, cuando lloro.. Hace tanto, tanto qu...