lunes, 13 de mayo de 2013

Un domingo cualquiera




Aún humea la taza de hierbas que tengo delante; parecen delgados dedos que se liberan con el vapor. Hace rato que el crepúsculo se quedó. Entró desde que la primera hora careció de matices,  el ronroneo de un gato se oyó, luego hubo más.
No puedo concentrarme durante el día, demasiado bullicio. A la hora del café aún con ese aroma agradable  son demasiadas las voces que hablan juntas, pero cada una va por un camino diferente sin tener en cuenta las paradas. No permanezco en silencio, al contrario, soy el centro de atención por la cantidad de locuciones, por las risotadas desenfrenadas, por la actuación perfecta. En las paredes permanecen hace tiempo unos ojos fotografiados, son jóvenes pero no sonríen porque un grueso marco dorado no quiere. Un paño se desliza suavemente y les quita la máscara de polvo  de la semana, es igual que una caricia, es un beso que lleva pintado la gamuza.
Me hubiera gustado una brisa para contemplar la veleta amarilla y roja que pende del parapeto, es un aeroplano frustrado porque nunca pudo despegar; sin embargo cuando cambia el tiempo la hélice revive y se convierte en un avión de combate.
Mientras me alejo observo la fila de hinojo que sobrevive a pesar de los años; el sabor entra en mi boca igual que los recuerdos.  La madrugada hace que me cubra con un echarpe, mientras observo el pozo marrón que queda después de saborear un té con el triste silencio de mi voz.


Hace tanto que voy muriendo..  En cada suspiro... muero.. En un nuevo día.. muero.. Muero cuando río, cuando lloro.. Hace tanto, tanto qu...