jueves, 14 de marzo de 2013

Esencia vital



Dudé entre un perfume o agua de colonia. Al final me decidí por lo primero, su olor persuasivo me convenció.
De  pié, uniformada,  con el pelo recogido y una blanca palidez, hizo lo posible para acercarse y preguntarme si quería algo más.
El frío que sentí se coló dentro, provocando un dolor punzante igual la gélida brisa del invierno, que traspasa la cara llegando a doler.
Sus  ojos castaños  se clavaron en los míos como las espinas de una rosa.  Sentí una arrebatadora atracción y me dejé. Cómo hubiera podido defenderme, si el crucifijo se había quedado en el otro bolso, me dije.



¿Quién salva a los poetas?, a las personas que quieren dejar letras en cualquier rincón, en un folio, en una pared, en el tronco de...