miércoles, 27 de enero de 2016

Amaranto

A un lado de la mesa se halla un lápiz con varios símbolos, al otro lado y junto al teclado, un bolígrafo azul a medio terminar. En frente la pantalla que parece que se ve el mundo. Normalmente el ajetreo de pasos no cesa hasta por lo menos unas horas después que todo vaya cogiendo esa forma de molde por así decirlo, o definirlo.

Una pena que la ventana esté cerrada, la contaminación debe de ser. Un rayo de sol se cuela por entre la cristalera del ultimo piso, afortunadamente hay sol, al menos una caricia. Ella es afortunada porque tiene la facilidad de aislarse por un rato de tanto ruido, y pasos aquí y allá, tanto, que nadie la ve, aunque no se haya movido de su sitio, aunque los dedos no paren de golpear las teclas. Es difícil que noten su presencia en esos momentos en que no está.

De pronto sucedió que el pasillo se hallaba enramado con bellos eslabones de una trepadora amarilla y roja; sucedió que desaparecieron las mesas y las sillas, y tal y como deseó había dibujado con el pensamiento una escena justo ahí, en medio del tráfico de pasos y voces: El bernegal rodeado de culantrillo; la cocina con los calderos humeando; el patio inmenso de flores. La senectud de los tiempos se advenía a su antojo. Bastaría pues con dejar libre el laberinto de pensamientos en su cabeza.

Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...