martes, 27 de agosto de 2013

Venganza

Hasta esa noche nunca supo lo que era pasar miedo. La mano de la bestia asomaba por la puerta entreabierta. Quiso gritar pero no pudo, ni siquiera una palabra salió de sus temblorosos labios. Quedó inmóvil y con un gesto de terror en el rostro. Unos dedos largos y peludos provistos de uñas afiladas, grotescas y negras amenazaban con entrar en la habitación, que hasta ahora creía segura, porque fuera, en el porche, una tremenda ristra de ajos pendía igual que un farolillo. Desde hace algún tiempo la trasladaron al Departamento de Salud Mental, donde sobrevive igual que una marioneta guiada para cualquiera de sus necesidades. Carlitos nunca le perdonó el destete y aún guarda la mano de silicona en el baúl de los juguetes.

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...