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viernes, 5 de abril de 2013

Amargo despertar

Esa noche había dormido con su pijama favorito dibujado con pequeños carruseles encadenados desde el cuello, hasta el borde que llegaba a los pies.
Cuando abrió los ojos se le encogió el alma, alguien le había robado el cielo.
Su cuerpo se hizo un ovillo y no paró de llorar, hasta que de nuevo empapelaron el techo.

Caimanes

A nadie importa, importo. Cuando vengo cruzando un jodido mar. Cuando llevo en el vientre una criatura. No importa el hambre de...