martes, 7 de febrero de 2012

Cuando la noche quedó sin Luna

Llueve con fuerza, es medianoche, y está oscuro. Mi auto se detiene, probablemente le falte combustible.

Con fascinación, observo, como mi busto ha crecido enormemente y se desborda por falta de espacio. -Me gustan: son preciosos, juntitos y bien formateados, pensé-.

Estaba realmente exultante, deseosa, frívola. Por mis venas corría la sangre silbante, como un torrente salvaje y sin freno.

Un silencio había irrumpido; pero al instante, se escucha: Dancing in the dark, de Chet Baker.- No sé que pasa, dudo que sea mi mundo, quizás no es real, -me pregunto.

Decido salir al asfalto, una gélida brisa envuelve mi cuerpo. Alguien muerde con ahínco mi cuello desnudo. Por unos momentos pierdo la consciencia y cuando despierto, me encuentro de costado, en la parte trasera de mi coche. Ahora, además de mis voluptuosos pechos, poseo unos enormes colmillos blancos y relucientes. Desde entonces duermo de día, y despierto en la noche, llena de vitalidad.

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...