viernes, 23 de septiembre de 2011

Una vida cualquiera


Tenía por costumbre llamar a los difuntos, aún a sabiendas de que algunos se sentirían ofendidos. Uno a uno, aparecían, como si con aquel reclamo, el corazón atormentado de Mery Camille encontrara el sosiego transitorio.
El extraño secreto de Camille, fue descubierto, por su amiga Matilde. Una noche de verano de esas en que las cigarras nos regalan su monótono concierto, Matilde, que por esos días se hospedaba en casa de Camille, dormía algo inquieta por el bochorno de la noche, así que  decidió salir al jardín y pasear un rato, disfrutando del perfume de las flores que lo cercaban.
Esa noche, los lirios y los jazmines desprendían un olor tan profundo, que había despertado  la curiosidad de Matilde. La dulce fragancia, hizo, que la mujer siguiera aquella loción excelsa. Justo enfrente, descubrió una deteriorada lápida, cubierta de hojarascas. Un grito mudo salió de su boca, cuando descubrió en la piedra labrada, un epitafio:


El infortunio de una vida,
No termina con la muerte,
si nunca se ha vivido.

Mery Camille  1822-1850

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...