jueves, 1 de septiembre de 2011

Flamboyano

Acabo de tomar café sin efectos secundarios, pues sigo igual de dormida que al amanecer. El sol aún permanece rezagado, a saber que estuvo haciendo. Desde la quinta planta de mi edificio, a través de los cristales ahumados, observo  a  una pareja que  desayuna en la terraza, enfrente. Entre arrumacos y croissants, tímidamente los primeros rayos de sol. Al rato, la tierna pareja discute acaloradamente, y un pobre chiguagua sale despedido al aire. Tuvo mucha suerte, pues cayó en la copa de un hermoso Flamboyano rojo.

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...