jueves, 7 de agosto de 2014

El morir



Las escalinatas que a un lado y al otro habían sido desplegadas y con el armazón de un cemento gris esperaban a que los miles de pasos dejaran las huellas impregnadas en cada peldaño, el constante pisotear casi humillante, sin rastro de benevolencia; siquiera un respiro…, por lo tanto era igual que un pasaje bíblico, realmente eso era, un folio escrito con la certeza de que todo lo que contenía era cierto…, peldaños a un lado y otro dando la bienvenida a lo que sería un tratado firmemente acordado durante todos los siglos en que hubiere existido la gran nave que gira en un espacio inmenso de Pléyades; un acuerdo unánime, si. Obuses circundan el cielo dejando estelas de fuego; la atestada cuidad se inunda de crispación, de humeantes chimeneas que escupen capas y capas de humo gris y los mercados repletos de ojos buscando esto o aquello…, al final siempre hay un acuerdo, un pasaje bíblico donde se escribe el último aliento; luego entonces el silencio, la última trova: Fenecer.

Ayer me soporté bien. Anduve en la madrugada, como cuando una se escapa del cuerpo mientras duerme. Me soporté toda la noche, sopor...