jueves, 31 de enero de 2013

Planta cero, puerta catorce

Ya no habría marcha atrás. El corazón quería salir de un salto y un sudor frío rezumaba por los rincones de la piel.
Cerró los ojos deseando que todo fuera un sueño, que  al abrirlos estaría en su cama, en su casa.
Una lágrima brotó seguida de unas cuantas más que surcaron el rostro, arrastrando los sedimentos de células muertas; desviándose al llegar al  tabique nasal y terminando en el pozo de sus labios temblorosos.
Resignado pensó en los días pasados, en lo años de la infancia, de la juventud; sentía como el cuerpo se entumecía cada vez más rápido.
Marga llegó a sus pensamientos, exuberante; entonces se concentró en ella y una tímida sonrisa se escapaba de dentro. La imaginó allí con él, acariciando su pelo ensortijado, besando su cuello rígido; recostada en su pecho, alfombrándolo con su larga cabellera negra.
Una mano se posó en el hombro desnudo, cayó como una losa de mármol; abrió los ojos con la misma angustia de antes, el cirujano le sonreía cálidamente.


No llueve

¿Porqué me contestas con esa mirada tuya, tan seria? Yo no sé de esos ojos que parecen palabras espurias, no sé de gritos en mitad de la...