viernes, 17 de febrero de 2017

A veces la ceguera




A veces sucede que algunas personas se convierten en una amalgama hedionda, los olores se les escapan hasta por los ojos. Por no decir, que si una se fija un poco, la piel se les ve reseca, y las manos, se convierten en repugnantes patas de rata. Lo curioso es que todo eso es voluntario, es decir, la transformación tan desagradable que sufren, viene propiciada por  el gusto de flagelarse una y otra vez durante mucho tiempo, ignorando, que, la sanación y la libertad no se encuentra ahí fuera, en ningún parque por muy hermoso que este sea. No se encuentra en el océano, ni en las montañas; siquiera en las comodidades de la vida cotidiana. Aunque,  este o aquel, viva en un castillo lujoso, o una mansión con lámparas caras, obtenidas en los mejores mercados del mundo.

Sucede pues que una , una día cualquiera, se tropieza con una de estas personas, cuya acritud repugna solo por el mero hecho de hablar con ellas siquiera unos minutos.
Dicen que puede ser vanidad, falta de humildad, escasa recepción de lo que  les pueda suceder a su alrededor; en la cotidianidad de los días, y las noches, de los años que hayan vivido, o les quede por vivir.
Lo cierto es que en realidad, aún en esa visión tan lamentable que  pueda proyectar  su imagen, yo, personalmente considero que son individuos tremendamente desafortunados, que creyendo poseer la perfección en toda  la amplia definición de la palabra, recorren ciudades, calles y despachos.. etc.. sin saber que son esclavos de ellos mismos, que su propia voluntad ha sido subyugada hasta convertirlos en desperdicios humanos, en gente hipócrita y vana. Pero en realidad son los pobres del mundo, los que conviven con toda clase de alimañas en una jaula creada por encargo.
Esa pobre gente burda, con una verborrea hipócrita, se merece la compasión de los demás; pero amén de todo eso, hay días en que una, tiene que enfrentarse a todo ese montón de baba gelatinosa y repugnante, porque además de todo lo arriba indicado, son capaces de devorar una persona entera, igual que las serpientes.

Por lo tanto, compadecerse de ellos no es nada malo, al contrario, sería un modo de que , algún día se puedan dar cuenta de que esa jaula en la que viven, carece de barrotes y de puertas...




Que se van yendo cosas y casas y calles.

Ya no se llevan calles estrechas, sin embargo, aún se pueden ver en cualquier ciudad del mundo. Las calles estrechas tienen magia,...