jueves, 30 de enero de 2014

Guisantes y alcachofas

Mientras duró la cena no hice más que mirar los colores que llenaban el cuenco, sonreí porque el tiempo volvió atrás durante esos minutos. Giró  un torbellino en mi cabeza y otra vez estaba ahí la pequeña niña con churretes y cabellos desordenados; castaños, libres de trenzas o tirabuzones. Qué bien poder oler otra vez la hierba que se extendía en todo el prado; brotes con lanzas al cielo, muy verdes. Trigales oteando igual que los soldados haciendo la guardia en los cuarteles próximos a nuestro barrio; qué hermoso poder ver el ramo de perejil que adornaba el rincón del poyo; el potaje preparado en la mesa con mantel de flores y las pequeñas bocas eligiendo qué cucharilla coger; el gran lazo que mi madre llevaba en la parte de atrás de su mandil; a papá cuando llegaba con su chaqueta oliva con cuatro bolsillos. Llegó hasta el olor de la tierra cuando se empapaba de agua cristalina que, caía del cielo arrojada por una diosa que, yo, imaginaba por aquel entonces. Todas las pisadas de mis hermanos recorriendo la casa; abro los ojos y todo ha pasado, el reloj verde con pinceladas amarillas no deja descansar sus manecillas, igual que el tiempo.

domingo, 26 de enero de 2014

Un domingo, un pensamiento

Un buen orfebre es aquella persona que labra cada amanecer y lo llena de esas pequeñas grandes cosas que  nos acompañan durante toda la  existencia, aunque a veces no podamos verlas.

sábado, 25 de enero de 2014

Una última ojeada

Tal y como lo dejé ya no existía, lo fue por aquel entonces. Todo se decoraba según las estaciones o el cambio de los alisios, que a veces, giraban bruscamente en otra dirección. El almendro florecía y parecía una bella dama con su diadema de brillantes y nacaradas perlas; el cercado contenía una tierra  hermosa con una pizca de púrpura, era una alfrombra suave y delicada; el balsete parecía un mar  lleno de toda clase de criaturas en efervescencia a la hora de la merienda. El tintineo de los cubiertos en las pequeñas y decoradas tazas de café se hacían ecos que llegaban al terrazo donde las criaturas jugaban; en las caballerizas resonaban los relinches de los diez caballos; a menudo Feliciano y Moro caballeaban por aquellos parajes , que ahora son prados de cimientos grises y hasta parece que las estaciones huyeron...

viernes, 24 de enero de 2014

Viernes, veinticuatro de enero del año dos mil catorce

Las lamparillas se han quedado sin luz, y la fuente, con el frío, se ha congelado. Los mirlos han huido; los pajarillos que ayer trinaban en cada brazo de cada árbol, se han alejado de ésta perspectiva, que es hoy.Ese espejo no dice nada,  como las palabras, que ayer giraban igual que un torbellino y,  han quedado dentro de cada una de las bocas que están llenas de pespuntes. El graznar de aquel cuervo  se hizo premonitorio en algunos de nuestros sueños, porque hubieron días que el patio fue una bella jungla con cada uno de los colores; con todas las risas y los días de soles fueron canciones de algún arrorró. Un crepúsculo abraza la tarde y aprieta los corazones; desgaja cada beso, cada pequeña raíz...

lunes, 20 de enero de 2014

Por febrero o marzo

Teo dice que su opérculo no cierra bien y las niñas ríen porque sostiene en su mano el caracol que abarca  uno de sus dedos, arrastrándose despacio, escalando. ¿Debería cerrar? dijo la niña que llevaba un sombrero de paja blanco con cinta rosa alrededor. Teo llora mucho y el caracol se pasea por cada dedo de su mano derecha y deja la baba transparente. Chups chups, levantan pequeñas olas sus descalzos pies y agita la mano y la alza al aire en un vaivén; ahora sale disparado el caracol y vuelven a reír las niñas que observan como los ojos de Teo se hacen grandes y aún más redondos y más negros.
 Llueve ahora del cielo muchas gotas,  que caen igual que chuzos de punta; corren los niños y se refugian debajo del nogal y quizás encuentre Teo, a su opérculo, ya, libre.

domingo, 19 de enero de 2014

Cuando un lugar

Ese espacio que queda cuando la fina línea del horizonte une mar y cielo, es el mismo que resulta  en los corazones después de vivir algo hermoso, pues concentra todo el sabor, aroma, y después,  las chispas de luz que se liberan...

miércoles, 15 de enero de 2014

Un prado de recuerdos

Tenía en su rostro la cicatrices de los años anteriores, de la hambruna en aquella isla donde el guarapo es la perfecta combinación de una raza noble y donde los bosques son milenarios como una galaxia, tenía también las cicatrices de una contienda donde los hombres lucharon por un ideal que en realidad nunca fue. Un bigote bien recortado, negro como el azabache permaneció hasta que  decidió dejar que su corazón durmiera. Nunca quiso descendencia, no porque no le gustara ver a las criaturas dando sus primeros pasos, valbuceando alguna palabra; quizás no consideraba oportuno tener un hijo propio, porque su mundo era un mundo que cabía en una habitación repleta de historias, de un pasado que nunca quiso dejar en el olvido, y nunca sintió la necesidad de un vástago, no exteriorizaba esos sentimientos porque nunca los tuvo. El pasillo se alfombraba de sus pasos y dejaba atrás la nube de algún habano que apuraba hasta el final. ¿Sueños? no soñaba  porque mantuvo a todos ellos y no tenía porqué soñar nada más. ¿Rabia? no alcanzó a saber lo que eso significaba; porque conservaba los días de sol dentro de un baúl repleto de laurisilvas, de guarapo.

martes, 14 de enero de 2014

Teje la vida

 El  acontecer cotidiano  permanece inmortal detrás de cada vida, de cada rincón de un hogar, nada se diluye y discurren los días igual que un caudaloso río que  muere en el mar, para volver a empezar un nuevo ciclo.

sábado, 11 de enero de 2014

Unas horas entre fría soledad

No olía precisamente a un huerto de lirios, o, de bellos jazmines. Aunque le hubiera gustado que así fuera, lo más probable es que infortunadamente el huerto desprendía los humores de todos los espíritus.
 La ataban esas cadenas gruesas que aunque no se ven, se sienten. Nada besaba su rostro, nada acariciaba su espalda y por eso sus manos se entrelazaban y estaban frías, con miedo, el mismo que horas antes o, días antes entró por la ventana del hogar y la tomó.Le resultaba bastante oneroso estar en aquel lugar que ya rechazaba, porque faltaban las cálidas palabras, o algún rincón agradable. 

Alguien debió dejar que el frío entrara y la soledad, acompañándolo; muchas voces que lloraban ayuda y otras en silencio detrás del mostrador martilleando las teclas, para unir palabras que acabarían en algún archivo. Fue agradable cuando sintió el tibio ósculo que rozó su mejilla y algunas de sus lágrimas llegó a la comisura de sus labios, el dulce sabor de almendras con azúcar penetró y esa tibieza hizo que durmiera , no así lo que el médico pretendía con un relajante, porque solo conseguiría una pesadilla más, de tantas que ya se colaban desde pequeña en un mundo que no era real...

viernes, 10 de enero de 2014

De aquellos momentos antes

Todas las prendas adquirían un tono diferente a medida que las horas de la mañana se sucedían, una, detrás de la otra. Las abotonadas camisas blancas, las sábanas con puntillas bordadas, el mantel de la cena. Cada mirlo en una rama, cada gorrión en los picos del sauce. Ella luce perlas cuando sonríe, cuando le ve llegar y los azules ojos de él, vivos, narran una historia, cada día...

jueves, 9 de enero de 2014

Donde un mar puede ser un sueño

Parecía  que sonreía cuando se la veía entre geranios o, cuando miraba buscando un mar inexistente. Luego un camino de barro cubría sus pies y de la mano de la pequeña Olivia que  dirigía sus pasos, llegaban al océano de sueños cada tarde y tomaban asiento en el borde de la roca. 

lunes, 6 de enero de 2014

Enero, una tarde de invierno

No había  brisa y la veleta en forma de avión, inmóvil, en el parapeto. No había  llantos, pero si  risas con música de una guitarra. Cada uno sentado en su silla no muy distante de unos y de otros  se dirigían miradas de recuerdos. Por allí cerca en la huerta los veranos de atrás olían a pan con chocolate, a hinojo salvaje. Los inviernos guardaban aún el sabor del humeante café, del tazón de leche tibia, y las botas de agua en la entrada de la casa, esperaban el día siguiente. Dijeron que la tarta tenía poca nata en su interior, que el pollo asado era demasiado abundante. ¿Un café? y llegó la bandeja con varias tacitas envueltas en recuerdos. Es tarde y los besos se despidieron hasta un próximo encuentro; los recuerdos si lloraron después, a solas...

sábado, 4 de enero de 2014

Podría ser una noche cualquiera

Falta poco para que la lechuza cruce el jardín una vez más; se parará y sus ojos mirarán alrededor y la cena en la casa ya habrá terminado y, el porche volverá a ocuparse con risas, y con copas.Aquel drago hace años que fue acunado entre la tierra, y pasaron todos los días y ahora es un gigante acomodado, pero menos alegre. Ahora se escuchan los ecos de los otros años, pero sólo son ecos que han quedado retumbando en las paredes y detrás de los visillos. Mientras tanto el porche tiene la luz de unos farolillos y las bocas  pronuncian que el postre ha estado estupendo, pero esa  mujer está de espaldas y apoya la barbilla en sus manos y sus pies se desnudan, y por unos momentos sería bueno que desapareciera el porche, las risas, y las copas y quedara nada, entonces sus lágrimas podrían brotar igual que un río abarcando todo y ella y la lechuza quedarían una vez más solas en el silencio de otra noche cubierta de negrura.

4 de enero de 2014

La vida es una  inmensa pista de hielo, por eso hay que aprender a patinar...

viernes, 3 de enero de 2014

Las ondas del mar por las tardes

Aquel lago tenía dentro pececillos de colores y algunos sapos con ojos redondos y saltones ; las tardes tenían ese peculiar olor a jengibre y caldo verde y pan recién horneado, yo, ensimismada, contemplaba la poza, de puntillas, y las olas iban y venían y los sapos saltaban entre las pequeñas ramas, que, amerizaban, cuando la brisa soplaba desprendiéndolas del viejo nogal. Debí dormir un rato debajo de la pared de piedra que contenía el mar aquel, luego soñé que navegaba con un bar quito chico y recorría aquel mundo de fluidos y de transeúntes.

jueves, 2 de enero de 2014

Katia, dime que sí




Esos ojitos que son dos luceros redondos y que me miran seguido, seguido, hasta que, los míos, se clavan en ellos; una lluvia de estrellas toda ella, una piel de trigo dorado como el sol. Apenas un ligero trote deja sus patitas de puro algodón y se quedan las huellas en la losa aún húmeda por la fina escarcha de lluvia. Corre, corre, que te pillo, los niños juegan con ella, esa podenquita, esos ojitos...

miércoles, 1 de enero de 2014

Cuando se disipa una niebla

Aquí o allá  de éste lado o del otro, la cocina humea con el potaje, con las peras al vino y el ventanuco ahora nublado cierra sus ojos por unos instantes. Un largo pasillo termina en  el patio y un guayabero cargado de guirnaldas; dos sillas y una banqueta se quedan todo el año al sol, a la lluvia. Aquí o allá , otra habitación con una cama, con bordadas sábanas de miles de mariposas que vuelan  hasta la puntilla que casi llega al suelo. Ella con sus ojos verdes sonríe, sonríe en un mundo sin recuerdos; tic, tac, tic ,tac el reloj del pasillo. La otra mujer joven besa la comida que adorna el plato con ribetes plateados, alza la bandeja y parece que la niebla de la habitación se disipa y la primera cucharada del caldo es recibida con otra sonrisa, es aquella, que postrada, tiene unos ojos verdes llenos de olvidos...

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...