viernes, 28 de junio de 2013

Despedida

Quise hacerlo. Por unos momentos recordé aquellos vaqueros anchos. La enorme pamela con flores. Sonreí y volví.

miércoles, 26 de junio de 2013

Un buen día

La primera vez había tomado una cantidad ingente de píldoras, por suerte o desgracia todo se había arreglado con un lavado de estómago  y unas cuantas sesiones de terapia sicológica. Fortuitamente unos meses después recibió un duro golpe en la cabeza a causa de un pisapapeles que rodó desde la estantería; hubo que coserle un pliegue del cuero cabelludo. Un buen día   decidió volar desde la quinta planta con el convencimiento de dejar los sesos repartidos por la acera; pero los vecinos acudieron a tiempo y unos minutos después se encontraba en el quirófano rodeada de buenas manos luchando por su vida. Decidió bajar al desván y recuperar a Caperucita Roja. Abrió las tapas del libro, las fauces del lobo devoraron su cuerpo. Unos meses  después alguien se deshizo de los viejos libros polvorientos.

martes, 25 de junio de 2013

Piel



Descansa sobre la blanca sábana la  mano, y entre sus pliegues  la mía duerme plácida.

domingo, 23 de junio de 2013

Un mar dentro



Soñaba que surcaba un océano y al final de la tapia, la proa; los albatros enfrente para verle pasar. Al otro lado un grupo de pingüinos aplaudían. En el horizonte despuntaba todas las mañanas un enorme sol y las velas se izaban vestidas de gala, y el mar se abría paso en cada brazada del bergantín; Su pelo enmarañado parecía un racimo de hojas que el viento mecía y  la tupida barba se cubría de espuma y sal marina en cada ráfaga. A las once una partida de dominó, mientras, retiraba cuidadosamente el salitre de su rostro.

lunes, 17 de junio de 2013

Amanecer sin prisas

La mañana del domingo  nació con una luz diferente. El sol perezoso se coló por los cristales y llegó besando las manos que descansaban junto a mi sueño. Un bostezo permitió que se adentrara y cálidamente abrigó el frío de  todas las noches. Un torrente de lluvia cálida cayó  sobre mis huesos congelados de miedo; durante unos minutos  la sábana de agua recorrió  los pliegues limpiando las inseguridades de las horas previas El humeante café recién hecho aromatizó la cocina, unas tostadas adornaron el plato; la música sonó cuando silbó  la tetera.
Los alisios se marcharon detrás de las montañas dejando miles de hojarascas, que lucharon unas horas por sobrevivir ancladas a los árboles, aún a sabiendas de que debían caer derrotadas. Me desplacé  unos pocos  kilómetros hasta la otra casa; los coches  se vistieron de un silencio diferente, salieron   de paseo, se saludaron con el claxon muy bajito.
 El vuelo de las andoriñas, surfeando, agrupadas igual que cardúmenes de peces llenaron el cielo, dejando un lienzo hermoso, un Monet.
El trayecto se vistió una vez más de domingo, de un frac elegante, y virtuoso de la buena música.



domingo, 16 de junio de 2013

Margaritas

Florecieron dentro de  la cerca y en medio su corazón enterrado por los siglos...

jueves, 13 de junio de 2013

Terciopelo rojo



El sándalo aromatizaba desplegando por los rincones la esencia;  Gary Moore permanecía vivo envuelto en una catarsis de sonidos que se repartían por la salita.
Ella  esperaba en un rojo diván, excelsa. Entonces me sentí como un chiquillo, tembloroso, deseando bucear en sus  humedades;  buscar sus labios para sentir la seda roja y jugar con la lengua que ella ofrecía. Se ancló en mis piernas abriendo las suyas, contorsionándose igual que una serpiente en celo. Lamió mi hombría, se apoderó de mi voluntad y me llevó al éxtasis tragando todo lo que pude darle.

martes, 11 de junio de 2013

Girar el timón y cambiar de rumbo


Girar el timón y cambiar de rumbo,
acercarse al espejo, traspasar,
y que no haya más perdigones en el pecho,
que no se claven carámbanos.
Girar el timón y cambiar de rumbo,
llegar a otra colina y que brille más ese ocre luminoso,
 o,  ese mar de nubes con la bruma de un atardecer.
Girar el timón para cambiar el rumbo,y
  doblar la esquina, escapar,
huir…ser valiente o cobarde, llanto, llorar, llanto…

Amor

Sólo necesito asirme a un pedacito  de tu corazón, para sentirme en un cielo diferente.

sábado, 8 de junio de 2013

Suave, suave


Maravilloso momento cuando afinas y tensas con tus manos de pianista. Entonces las sonatas se escapan de dentro, donde habito.

jueves, 6 de junio de 2013

Saxófono


Siento igual que tú    cuando me  acaricias  y saboreas la boquilla; tu cabeza ladeada y tus ojos cerrados y entonces  percibo la calidez de las notas que salen libres. Me siento otro karma  cuando me quedo contigo, a solas.  Humedeces  los labios, respiras hondo y te llevas el cielo lleno de acordes, de esos acordes tuyos, que  también son los míos. Tu espalda ligeramente encorvada se acomoda y un soliloquio   envuelve con mimo las letras lastimeras. Esos dedos me recorren como dulces besos,  ésta noche, en San Francisco.

miércoles, 5 de junio de 2013

Lamento


Cae la tarde, a contra luz aún se ve el ocre del sol que desaparece para dejarse caer al otro lado del mundo. El quicio de la ventana me ofrece una mano y apoyo mi brazo;  el drago se yergue igual que una pirámide, permanece estático envuelto en anillos que el tiempo talla, y que revela que ha observado casi todas las estrellas y casi todos los amaneceres. Sus finas hojas se bambolean y parecen miles de aplausos;   el susurro del aire penetra en un vórtice turbulento acariciando la bella escultura. Dos gatos se pasean en la yerba en un sonoro ronroneo, terminan alejándose cuando comprueban que la cena no está en ese lugar.
Una fina capa de lluvia esparce gotas de ámbar y en cada una de ellas, todas las lágrimas que  tiene el cielo. Rezuma el almizcle de las rosas, de los lirios y poco a poco avanza la oscuridad y  se recuesta sobre el inmenso piélago de estrellas.
Un portazo espanta algunos mirlos que hubieran pasado la madrugada en la copa del drago y ese mismo estruendo retumba en mi cabeza igual que una daga cuando se clava en el corazón, y vuelve entonces la escena que me hace agonizar una muerte lenta de sentimientos. El monstruo negro abre sus fauces y vomita todo lo que temo, lo que inquieta mis largas horas de hastío, de soledad. Es una muerte lenta que traspasa mi pecho miles de lanzas frías como carámbanos.


martes, 4 de junio de 2013

Desolación

Quise preservar mi corazón de un torrente de enfurecida lluvia. Me faltó valentía.

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...