domingo, 21 de agosto de 2011

De cuando los corazones lloran

Ni los fuegos de artificio con su estruendo.
Ni el torrente que la lluvia forma en la tarde,
en la tarde oscura de invierno, madre inmensa,
madre enorme que tú todo abarcas.
Manos juntas al firmamento, ruegan la misericordia
de unos  oídos sordos. (Y sobreviene el sueño eterno.)
(Festines y  grotescas risas de unas  marionetas)
Ni la pena de sus almas putrefactas,
ni el dolor de sus bocas secas,
nada se escucha, cuando los oídos permanecen sordos.

De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...